Es posible que no me creáis: yo lo sabía antes que Pedrojota.
Pedrojota es ese escritor antiguo que narra todos los relatos de superhéroes en primera persona. A pesar de eso yo lo sabía antes que él.
Pero si me creéis o no es indiferente, porque que esta noche tuve un sueño dentro de otro sueño es tan cierto como que al Gin Tonic que me acompaña le he puesto lima en vez del habitual pellejo de limón.
Sí, multitud amistosa: soñé dentro de un sueño. Esta noche.
Soñé que me sentaba en el bidé para desalojar unos miasmas que permanecían enganchados a los bajos (los miasmas son de las alturas, lo que en sí habla muy en favor de mis bajos) y me veía frente al espejo de pared. Porque uno es de sentarse al bidé mirando hacia el grifo. Bidé, grifo y espejo: una línea recta que señalo con especial hincapié al lector poco despierto. Como yo, que soñaba. Como Alicia, que también soñaba. (¡No! No, olvida esto Pedrojota. Olvida a Alicia, porque seguramente tus gustos y apetitos son de nínfulas, y por eso Sostres sigue ahí en tu casa, confundiendo trigo y cojones. Mejor olvidalá. Tengamos la fiesta en paz.).
Me lavaba, decía, y el rumor del agua cálida y sus dulces cosquillas alimentaban un relax de almibar; un sopor dentro de otro sopor que más pronto que tarde dio con mi cara contra el espejo sin producir ese “¡PLAS! sordo” que todos, amigos míos, estáis esperando que describa. No: sin apenas transición, ahí estábamos mi reflejo y yo (o yo y mi reflejo, en materia de reflejos no está clara la urbanidad) ahí estábamos, digo, como dos enamorados. Cara contra cara y las comisuras de los labios como queriendo besarse y no atreviéndose.
Y soñé dentro del sueño. No podría decir qué, o tal vez no lo pueda contar en este prado bajo el sol porque tales palabras no deban ser pronunciadas aquí, pero tan cierto es como que el Gin Tonic con lima va ya para medio vacío: soñé, así, en bucle.
Y segundos antes de despertar pude apreciar que de las comisuras avergonzadas de yo y mi reflejo (o mi reflejo y yo) había estado cayendo una lluvia lenta que aún no tuvo tiempo de alcanzar el suelo. O la repisa que hay rompiendo la línea recta entre grifo y espejo. Esas repisas que si las sueñas no importan. Porque si no fuera un sueño, si todo lo que cuento no fuera sino una mentira, un producto de mi realidad, al caer sobre el espejo con ese “¡PLAS!” no escrito lo normal es que ahora mismo tuviera la nuez de Adán seccionada en dos. Sí, amigos.
Lo cierto es que esta noche he soñado un sueño dentro de otro sueño. Por eso este mediodía Zapatero anunció un adelanto electoral.
Pero Pedrojota, ese escritor con los calzoncillos por fuera, tardó horas en anunciarlo en Twitter. O en ORBYT. Es todo tan confuso…