El Viaje Sostiene Pereira

Introducción, una hospitalización en Oncología

Aprovechando la última rotonda de Mairena, Mayte cambió el disco del reproductor y volvió a salir disparada autovía abajo hacia Sevilla.

Pereira comenzó a identificar los primeros compases del adagietto de la 5ª de Mahler, y sonrió a su hermana, complacido por el obsequio:

—No le pises tanto, no hay tanta prisa…

Delma, su mujer, se le acercó desde los asientos traseros del coche y le acarició maternalmente la cabeza.

—¿Estás ya más tranquilito… se te ha pasado un poco ya el dolor?

Pereira perdía la vista en el mecánico desfilar de farolas y copas de árboles bajo el intenso azul del agosto sevillano, y a ratos se mecía en el lánguido fluir de los violines. Al otro lado del río, en mitad del tráfago de una populosa avenida, lo espera la planta de Oncología del hospital. Agotado por el miedo, dejó caer los brazos y entornó los cansados párpados.

Cuando volvió a abrirlos, el automóvil cruzaba el Guadalquivir a la altura de los muelles del puerto. Recorrió con la mirada las desgarbadas siluetas de los mercantes atracados, y se sonrió al recordar…

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